CHICOLATERA DE LONDRES PERMITIRÁ PAGAR COMIDA CON BASURA

¿Qué te parece la propuesta?

La empresa chocolatera Montezuma, en Londres, invitó a las personas a experimentar el “lado dulce” de la vida ecológica con su tienda reciclable emergente en el Covent Garden, donde puede pagar con basura.

Al anunciar el lanzamiento de un nuevo envase sostenible de la marca, dio a conocer una innovación que permite a los clientes usar envases no deseados para golosinas de chocolate, que imitan a algunos de los principales culpables de los desechos en la industria alimentaria del Reino Unido, como ensaladeras para llevar, envoltorios de sándwiches, bandejas de sushi negro y tazas, latas y botellas de bebidas.

Si bien puede parecer que se habla de basura, en realidad esos productos están creados con el clásico chocolate blanco, rellenos con un centro de trufas y pintados a mano para darles un acabado realista.

Para obtenerlos, lo que los amantes del chocolate deben hacer es, simplemente, entregar sus envases de alimentos usados, ??en un intento por demostrar que el reciclaje tiene más de un beneficio.

En la ventana de la tienda habrá una obra de arte en 3D totalmente comestible, hecha para replicar un contenedor lleno de basura no reciclable. La pieza resaltará los desechos no reciclados que terminan cada año en los contenedores.

La empresa surge a raíz del nuevo diseño de los envases de la chocolatera, ya que el 100 por ciento de los envases de nuevo diseño son reciclables, compostables o biodegradables, por primera vez para una compañía británica de chocolate.

Al asumir un proyecto de reciclabilidad a gran escala, el equipo de Montezuma analizó todos los aspectos del proceso de empaque, por lo que además de utilizar tintas, adhesivos y cintas reciclables, las barras de chocolate más vendidas de la compañía ahora se entregarán en cartones 100 por ciento de papel y cartón, eliminando los envoltorios metalizados no reciclables.

“El chocolate solo debería impactar en la persona que lo come, no en el medio ambiente o en quienes producen sus ingredientes”, señaló Bruce Alexander, director gerente de la empresa.

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MÉXICO PODRÍA TENER MÁS DE 22 MILLONES CASOS DE DIABETES EN 2045

A nivel mundial, en 2019, se contabilizaron 463 millones de adultos con este padecimiento
 
Diabetes
El director general de Novo Nordisk en México, Yiannis Malli, sostuvo que el crecimiento en la prevalencia de diabetes y sobrepeso y obesidad en los últimos años en el país, podrían desencadenar que para 2045, más de 22 millones de mexicanos padezcan diabetes.
 
En su participación en el Novo Nordisk Leaders Summit 2020 que se realiza en Cancún, aseveró que el año pasado, 14 millones de ciudadanos de este país padecían la enfermedad; en el 2000 esta cifra era de cuatro millones.
 
Asimismo, puntualizó que a nivel mundial, en 2019 se contabilizaron 463 millones de adultos con este padecimiento, número que para 2045 podría llegar a los 700 millones, es decir, un aumento del 51 por ciento.
 
“En México se estima que aproximadamente el dos por ciento de nuestro Producto Interno Bruto (PIB) está consumido por la diabetes y sus complicaciones”, dijo.
 
Yiannis Malli puntualizó que para tratar de contrarrestar esto, “el gobierno y la sociedad necesitan un plan de manejo que contemple la prevención de nuevos casos y de las complicaciones”.
 
Así, enlistó los cinco principales puntos que debería considerar esta iniciativa: el diagnóstico oportuno, el tratamiento adecuado y suficiente, la educación de los profesionales de la salud y del paciente, así como el manejo integral de la diabetes.
 
Aseveró que de realizarse esto, el sector Salud en México se podría ahorrar para 2030 cerca de 200 mil millones de pesos que serían destinados a otros rubros en beneficio de la gente.

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MENOS SAL NO SIGNIFICA MENOS SABOR SI SIGUES ESTOS CONSEJOS

El exceso de sodio es perjudicial para la salud. Sin embargo, científicos de EEUU han probado que la mezcla de otras sales reduciendo el cloruro sódico no resta sabor a los platos
 
A la hora de sentarse a la mesa, una de las condiciones necesarias para que la mayoría de las personas disfruten de un buen plato es que no esté soso. Gusto y sal parecen estar estrechamente ligados. Pero el problema es de sobra conocido: el exceso de sodio es perjudicial para la salud. Afortunadamente, desde el otro lado del Atlántico llegan buenas noticias: se puede comer sabroso reduciendo la cantidad de sal. La clave está en la mezcla de sales y emplear menos cloruro sódico.
Se estima que en 2017 murieron 17,8 millones de personas afectadas por enfermedades cardiovasculares, lo que representa el 32% de todas las muertes registradas en el mundo. La tensión arterial alta (hipertensión) es un factor de riesgo importante de las enfermedades cardiovasculares, en especial de los ataques cardiacos y los accidentes cerebrovasculares, según la OMS.
“El sodio no solo se encuentra en la sal de mesa, sino también en la leche, nata, huevos, carne y mariscos”
Sin embargo, “la reducción de la ingesta de sodio disminuye significativamente la tensión arterial en los adultos. El sodio no solo se encuentra en la sal de mesa, sino también de forma natural en una gran variedad de alimentos, como la leche, la nata, los huevos, la carne y los mariscos. También se encuentra en cantidades mucho mayores en los alimentos procesados, como panes, galletas saladas, carnes procesadas como el tocino y aperitivos como los pretzels, las bolitas de queso y las palomitas de maíz, así como en condimentos como la salsa de soja, la salsa de pescado y los cubitos o pastillas de caldo”.
 
Un estudio realizado por la Agencia de Seguridad Alimentaria que establece que el 80% de nuestros conciudadanos consume más de la recomendada. “la ingesta de sal no debería exceder de 3 gramos por persona y día enl promedio.
Este es uno de los motivos por los que nuestro país se ha adherido al Plan Nacional de Reducción de la Sal, que incluye estudios para conocer el consumo de sal en la población, la aplicación de acciones de sensibilización pública y la promoción de la educación alimentaria en la escuela.
“La ingesta de sal no debería exceder de 3 gramos por persona y día y el promedio es de 5-6
Un plan estratégico más amplio como es la estrategia NAOS (Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) con un programa de reducción del consumo de sal. Las actuaciones, explican desde la SEEN, se han enfocado en el pan, los productos cárnicos elaborados, quesos y alimentos precocinados, con acuerdos directos con la industria alimentaria, así como controles del contenido de sal y estudios poblacionales de excreción de sal.
Existen varios tipos de sal, pero se engloban en dos grandes grupos: la marina y la de roca. La primera usada en su forma natural, tal cual como se origina de la evaporación del agua de mar, tiene grandes propiedades para la salud. Existen algunas diferencias entre la sal marina y la sal de mesa común. Esta última es mayormente cloruro de sodio, aunque contiene algunos otros minerales tales como magnesio, potasio, yodo, entre otros. Sin embargo, la sal marina posee más oligoelementos y minerales y mayor contenido en yodo, lo cual contribuye a la salud del organismo.
Mediante el uso de lengua electrónica
En la nueva investigación, científicos de Universidad de Washington observaron mezclas de sal usando menos cloruro de sodio e incluyen otras sales como el cloruro de calcio y el cloruro de potasio. “Estas dos últimas no tienen efectos adversos para la salud en las personas”, ha señalado Carolyn Roos, autora principal del estudio, que ha visto la luz en el último ‘Journal of Food Science’. Es más, ‘”el cloruro de potasio ayuda a reducir la tensión arterial”.
Los investigadores utilizaron paneles de degustación y la lengua electrónica de WSU (un instrumento analítico que reproduce de forma artificial la sensación del sabor) para ver cuánto podían agregar las sales de reemplazo para el cloruro de sodio estándar para que los participantes del ensayo no consideraran los platos de gusto inaceptable.
Algunos paneles de degustación probaron una variedad de soluciones de sal o sal en agua, mientras que otros probaron diferentes combinaciones de sal en sopa de tomate. Usando la lengua electrónica y los paneles, encontraron que una combinación que utilizaba aproximadamente 96,4% de cloruro de sodio con 1,6% de cloruro de potasio y 2% de cloruro de calcio fue la reducción ideal. Tuvieron una reducción mayor cuando agregaron solo cloruro de calcio, obteniendo tasas aceptables con una combinación de 78% de cloruro de sodio y 2% de cloruro de calcio.
“Esta combinación de las dos sales no difirió significativamente en comparación con el 100% de cloruro de sodio, pero cuando agregamos cloruro de potasio, la aceptación del consumidor disminuyó”, ha insistido la investigadora principal.
Diferencias
“La diferencia entre el cloruro de sodio, de calcio y de potasio es que las sales de cloruro de potasio y calcio pueden estimular al paladar y dar sabor a los alimentos, pero aportando potasio y calcio. Ambos son minerales necesarios para el funcionamiento del cuerpo sin que tengan un efecto nocivo sobre la salud, a diferencia del sodio, que sí puede ser perjudicial en exceso”, recuerda el especialista del CMED.
El cloruro de potasio “nos puede aportar potasio, necesario para la contractilidad cardiaca y con un efecto opuesto al sodio, es decir, permite eliminar líquido, mejorar la contractilidad y elasticidad de las arterias y el corazón, bajar la tensión arterial y repercutir en la función renal. El potasio es necesario para el correcto funcionamiento de todas las células y para la contracción muscular, incluido el músculo cardiaco”, insiste.
Por su parte, el cloruro de calcio “nos proporciona una buena fuente de calcio, necesario para nuestros huesos y también importante para el correcto funcionamiento de los músculos. No tiene ningún efecto negativo en la salud y el exceso de calcio que no necesita el cuerpo se elimina por la orina”.
Este especialista reconoce que “el estudio es muy interesante porque pretende buscar alternativas a la sal común o cloruro sódico, que puedan ser aceptadas por el consumidor en cuanto a su capacidad de dar sabor a los alimentos con un producto más bajo en sodio, en un intento de reducir la gran cantidad de sodio que ingerimos a través de la sal que la industria alimentaria le pone a los alimentos. Cualquier alternativa para reducir el consumo de sal común por las personas es buena ya que su uso en la población está muy por encima de las recomendaciones saludables”.
Los científicos estadounidenses reconocen que “los hallazgos recientes han sugerido que las reducciones graduales de sal durante un periodo de años es la mejor manera de reducir su consumo. El uso de una de las nuevas mezclas durante un periodo de tiempo específico podría llevar a mayores reducciones en el futuro”.
De hecho, como detalla el doctor Carrera, “al acostumbrar al paladar a consumir menos sal, estamos mejorando nuestra salud cardiaca, al reducir la tensión arterial y favorecer la correcta eliminación de los líquidos por el riñón. La función renal será más eficiente, la contractilidad cardiaca será más efectiva y la pared de nuestras arterias estará más flexible y resistente. Si bajamos la sal, bajamos un factor de riesgo cardiovascular muy importante”.
 
Acostumbrar al paladar a menos sal
Se puede acostumbrar al paladar al uso de menos cantidades sal “reduciendo poco a poco la ingesta de sal común y reduciendo poco a poco la cantidad de sal que ponemos a las comidas. Se empieza una semana reduciendo un poquito y cocinando todo con un poquito menos sal. La siguiente semana se reduce otro poquito en todas las comidas. La siguiente igual y así sucesivamente hasta poner la mitad de sal en las comidas de la que poníamos al principio”, agrega el experto.
En su lugar “se puede añadir más cantidad de condimentos que realcen el sabor de la comida como pimienta, hierbas aromáticas (orégano, tomillo, romero, laurel), pimentón, etc. El paladar se irá acostumbrando poco a poco y al hacer la reducción paulatina solo los primeros días notaremos poco sabor en las comidas. Al cabo de unas semanas habremos acostumbrado el paladar a menos sal, pero conservando el sabor total de los alimentos”.

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ALIMENTOS PARA PREVENIR LA DEGENERACIÓN MACULAR ASOCIADA A LA EDAD

Ciertos problemas oculares como este tan frecuente que se asocia al envejecimiento se pueden prevenir con una dieta sana, aunque sin olvidar que intervienen más factores
¿Dónde se manifiestan en primer lugar los signos de la edad? Quizás pienses que en la piel, cuando aparecen las incipientes arrugas, o en el cabello al encanecer; pero no, el primer órgano en acusar el paso del tiempo son los ojos. Así lo afirman numerosos expertos en oftalmología, quienes sitúan el inicio de este proceso en torno a los 45 años. Es en ese momento cuando empieza a apreciarse una pérdida de elasticidad del cristalino que nos dificulta la visión de cerca. Es decir, irrumpe la temida presbicia o vista cansada, que nos obliga a empezar a ver el mundo a través de unas gafas o, por lo menos, a hacer uso de ellas para poder verlo de cerca.
Otro problema muy conocido cuya incidencia aumenta con los años es la degeneración macular asociada a la edad (DMAE). Según explica el Instituto de Microcirugía Ocular (IMO) en su portal oficial, “la DMAE puede definirse como una enfermedad degenerativa que se origina por el envejecimiento de la zona central de la retina”. Las personas que la padecen suelen experimentar síntomas como una visión central borrosa, además de una alteración en la forma y el tamaño de las imágenes.
Estamos ante una patología con factores de riesgo muy diversos. Algunos, como el tabaquismo, resultan evitables. Mientras que otros, como la edad, algunas enfermedades o la predisposición genética, escapan -obviamente- a nuestro control. Sin embargo, la dieta puede ser determinante. De hecho, existen estudios al respecto que aseguran que la observancia de una dieta como la mediterránea puede reducir los riesgos.
La yema de los huevos tiene menos luteína que las espinacas, pero se absorbe mejor gracias a las grasas
En concreto, dos nutrientes se revelan como auténticos defensores de una salud visual: la luteína y la zeaxantina. El papel de ambas es evitar la formación de radicales libres y moléculas oxidativas, que dañan las membranas de las células de los tejidos oculares. También conviene saber que la luteína funciona como un filtro solar natural ubicado en el fondo del ojo, de modo que los protege de los efectos dañinos del sol. Dicho todo esto, la pregunta es clara: ¿dónde se esconden estos compuestos? Afortunadamente, en muchos de los alimentos que forman parte de nuestra dieta diaria.
Yemas de huevo
 
Diversos estudios han demostrado que comer yemas de huevo con una frecuencia casi diaria puede ayudarnos a prevenir la DMAE. Además, según podemos leer en libros basados en dicha temática, como ‘Alto a la pérdida de visión’, de Bruce Fite, el cuerpo absorbe mejor la luteína y la zeaxantina si estas proceden de los huevos. En cambio, si provienen de las espinacas o los suplementos vitamínicos, la absorción no es tan buena. ¿Cuál es el motivo? Recordemos que los huevos contienen menor cantidad de luteína que estos vegetales de hoja verde. La razón es que la yema de huevo contiene grasas y la luteína las necesita para su absorción, un vínculo que no sucede en las espinacas ni otros muchos alimentos.
El maíz
Se estima que la ingesta diaria recomendada de luteína y zeaxantina oscila entre los 12 y los 20 miligramos cuando se combinan ambos nutrientes. Una cifra que podemos alcanzar incluyendo un poco de maíz a nuestra dieta. Lo podemos consumir con facilidad en ensaladas e incluso una mazorca entera asada al fuego puede resultar un bocado apetitoso, además de muy saludable para nuestra vista. El maíz es rico en antioxidantes, vitaminas y fibra, lo que evita la formación de radicales libres, favorece diversas funciones cerebrales y previene los trastornos cardiovasculares, entre otras propiedades.
Naranjas
 
Un buen aporte de luteína y zeaxantina lo tenemos también en este cítrico tan típico de nuestra tierra y que nos acompaña durante la temporada invernal e incluso los inicios de la primavera. Como es bien sabido, la naranja es una gran fuente de vitamina C, necesaria para absorber las vitaminas A y E que fomentan una correcta visión nocturna y protegen las células de la oxidación.
Espinacas
Esta verdura también es perfecta para aquellas personas que andan en busca de una buena dosis de luteína y zeaxantina. Sin embargo, tal y como hemos visto anteriormente, para su correcta absorción necesitan ir acompañadas de grasas. Dicha tesis quedó corroborada en un estudio realizado por la Universidad Estatal de Ohio, que observó que la absorción de tres tipos de carotenoides, como la luteína, el licopeno o el betacaroteno, resultaba mucho mayor si estos elementos se suministraban acompañados de una grasa como la del aguacate. El resultado fue bastante clarificador. La simple incorporación de un poco de grasa puede ocasionar que la absorción sea no solo el doble, sino también el triple e incluso el cuádruple. Aunque en este experimento usaron el aguacate, un chorro de aceite de oliva serviría igualmente.
Pimientos amarillos
 
Mención especial merece el pimiento amarillo pues, según un estudio del ‘British Journal of Ophthalmology’, es el vegetal con mayor presencia de zeaxantina; un caroteno que, por cierto, también protege la mácula y el cristalino de la acción oxidante de la luz. Además, sus propiedades antioxidantes evitan que las reacciones fotoquímicas perjudiquen la salud de los ojos. El resto de los miembros de la familia del pimiento también son estupendos para obtener una buena dosis de luteína y zeaxantina.
Arándanos
Por otro lado, un estudio publicado en ‘Journal of Ocular Pharmacology and Therapeutics’ asegura que las antocianinas contribuyen a paliar la progresión del glaucoma al facilitar la circulación sanguínea ocular. Un pigmento hidrosoluble presente en la mayoría de alimentos de color rojo, púrpura o azul como, por ejemplo, los frutos rojos, las uvas, los rábanos y los ya citados arándanos. Las antocianinas también bloquean el daño de los radicales libres, mejoran la agudeza visual, contribuyen a la prevención de la hipertensión y combaten las infecciones urinarias.

LOS CARBOHIDRATOS SON ADICTIVOS Y ESTOS SON LOS MÁS PELIGROSOS

La literatura científica demuestra que promueven la activación de regiones del cerebro que están asociadas con los antojos y las recompensas
 
Para muchos entre los mayores placeres cotidianos está morder un donut, acabar con una bolsa de patatas fritas, cenar día sí, día también pizza… y así hasta cerrar una larga lista de alimentos ricos en carbohidratos.
En parte porque son ‘alimentos confort’. ¿Quién en un momento de ansiedad o de estrés se lanza a un plato de judías verdes antes que hacia un pastel? Pero su mala fama hay que buscarla en la literatura científica.
Lo que se convierte en adictivo es su efecto sobre la neurotransmsión, concretamente sobre la serotonina y su precursor el triptófano
La teoría de que los carbohidratos refinados son adictivos fue propuesta por primera vez en los años 70 por R.J. Wurtman y Fernstrom, investigadores del Departamento de Neurociencias del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés). Posteriormente el mismo R. J. Wurtman continuó explorando esta hipótesis. Según un estudio publicado en ‘American Journal of Obstetrics and Gynecology’, las mujeres con trastorno disfórico premenstrual (TDP) comían compulsivamente chocolates y otros productos con azúcar y carbohidratos. Según ellos, la propiedad distintiva que convierte a estos últimos en adictivos está en su efecto sobre la neurotransmisión, y específicamente sobre la serotonina y su precursor, el aminoácido triptófano.
Su papel
De todos los macronutrientes, los carbohidratos son posiblemente la fuente de energía más importante para las células, tejidos y órganos del cuerpo. No solo producen energía, sino que también ayudan a almacenarla. Sirven también como precursores del ácido ribonucleico (ARN) y el ácido desoxirribonucleico (ADN), transportan datos moleculares y ayudan a los procesos de señalización celular.
Cuando piensas en ellos, a menudo los primeros tipos de alimentos que te vienen a la mente son los carbohidratos refinados como pasteles, galletas, pan blanco, pasta y arroz.
Su composición química incluye tres elementos primarios: carbono, hidrógeno y oxígeno. Pero, como aclara la Clínica Mayo, “la mayoría de ellos se encuentran en la naturaleza, en alimentos de origen vegetal, como los cereales. También los puedes encontrar en la leche, legumbres, frutas, vegetales, nueces o semillas”.
Los carbohidratos altamente procesados (el pan blanco, la pasta y/o las rosquillas normales, por ejemplo) producen rápidos aumentos y caídas del nivel de azúcar en la sangre, lo que puede resultar en aumento de peso. También pueden producir el llamado síndrome metabólico, asociado con un aumento del riesgo de sufrir enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares y diabetes.
El problema es que cuantos más carbohidratos procesados y refinados comemos, más adictos a ellos nos volvemos.
¿Son los carbohidratos adictivos?
El impulso por la comida basura o por los alimentos con alto contenido en azúcar refinada, sal y grasa es algo que a todos nos sucede de vez en cuando, y es posible que hayas notado que a veces puede ser difícil resistirse a su impulso. Muchas personas se han preguntado si esto es una cuestión de fuerza de voluntad, rasgos conductuales o psicológicos, o incluso química cerebral.
Un estudio, publicado en ‘Neuroscience & Biobehavioral Reviews’, constató el estrecho vínculo entre las comidas altas en carbohidratos y el cerebro. Al parecer promueven la activación de regiones del cerebro que están asociadas con los antojos y las recompensas. La investigación encontró que los hombres con obesidad o exceso de peso mostraron una mayor actividad cerebral y más apetito después de comer una comida con índice glucémico (IG) alto, en comparación con una comida con IG bajo.
El IG es una medida de cómo los carbohidratos en una comida afectan a los niveles de azúcar en la sangre. Un alimento con un IG alto aumenta los niveles de forma más marcada que un alimento con un IG bajo. Esto sugiere que la necesidad humana de carbohidratos refinados podría tener mucho más que ver con la química del cerebro de lo que inicialmente se creía.
Tan adictivos como el alcohol
Algunos investigadores han llegado al extremo de sugerir que los carbohidratos refinados en forma de fructosa tienen propiedades adictivas que se parecen mucho a las del alcohol. Así una investigación que ha visto la luz en el ‘Journal of American Dietetic Association’ ha constatado que, como el etanol, la fructosa promueve la resistencia a la insulina, los niveles anormales de grasa en la sangre y la inflamación del hígado. Además, estimula la vía hedónica de tu cerebro.
Esta vía desencadena el apetito e influye en la ingesta de alimentos a través de un sistema de placer y recompensa en lugar de basarse en el verdadero hambre físico o las necesidades reales de energía.
La resistencia a la insulina, la inflamación y los niveles anormales de grasa no solo aumentan el riesgo de enfermedades crónicas, sino que la estimulación repetida de la vía hedónica puede restablecer el nivel de masa grasa que tu cuerpo desea preservar, lo que contribuye a aumentar el peso corporal.
Los carbohidratos de alto IG que promueven cambios rápidos en los niveles de insulina y azúcar en sangre también parecen afectar los niveles de dopamina, el neurotransmisor en tu cerebro que envía mensajes entre las células e influye en la forma en que sientes placer, recompensa e incluso motivación.
Además, algunas investigaciones en ratas muestran que otorgar acceso periódico a la mezcla de alimentos con azúcar y comida puede producir un comportamiento que refleja de cerca la dependencia a menudo vista con el abuso de drogas.
Es importante tener en cuenta que la mayor parte de la investigación experimental realizada hasta ahora sobre los carbohidratos y la adicción ha tenido lugar en animales. Por lo tanto, se necesitan estudios en humanos adicionales y más rigurosos. Sin embargo, un ensayo publicado en ‘Psycopharmacology’, llevado a cabo con 61 mujeres de 18 a 45 años que eran propensas a episodios de alimentación emocional, constató que tenían más probabilidades de elegir una bebida rica en carbohidratos en lugar de una en proteínas después de ser inducidas a un estado de ánimo triste.
En contra
En el otro lado de la balanza se sitúan los investigadores que no están convencidos de que los carbohidratos sean realmente adictivos. Argumentan que no hay suficientes estudios en humanos y creen que la mayor parte de la investigación en animales sugiere comportamientos similares a la adicción del azúcar solo en el contexto del acceso periódico a la misma en lugar del efecto neuroquímico de los carbohidratos. Así un trabajo en ‘Appetite’, realizado en 1.495 estudiantes universitarios en el que se evaluaron signos de adicción a la comida, se demostró que las calorías totales en un alimento y las experiencias alimentarias únicas influyeron más en la ingesta de calorías que el azúcar solo.
Cuáles son los más adictivos
 
En 2009, los investigadores de Yale desarrollaron la Escala de Adicción a los Alimentos de Yale (YFAS) para proporcionar una herramienta de medición validada para evaluar comportamientos adictivos de alimentación. En 2015, investigadores de la Universidad de Michigan y del Centro de Investigación de Obesidad de Nueva York utilizaron la escala YFAS para medir los comportamientos alimentarios similares a la adicción en los estudiantes. Concluyeron que los alimentos con alto IG, en grasas y procesados estaban más asociados con la adicción a los alimentos.
Y estos son los alimentos con más adictivos:
* Pizza
* Chocolate
* Chips
* Cookies
* Helados
* Patatas fritas
* Hamburguesa con queso
* Sodas
* Pasteles
* Queso
A excepción del queso, cada uno de ellos contiene cantidades significativas de carbohidratos. Si bien la mayoría de los quesos también los posee, no en las elevadas cantidades de los otros productos. El reto, por tanto, es superar los antojos y llevar una dieta sana. ¿Cómo? Aumenta las proteínas, consume más frutas, mantente hidratado y haz ejercicio

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LOS ALIMENTOS QUE DEBES EVITAR (O INCLUIR) SI TE SUELES DOLER LA CABEZA

La causa principal de las migrañas todavía se desconoce. Afecta a las personas en la edad adulta, que ven deteriorada su calidad de vida por los terribles síntomas.

 
Aquellos que las sufren conocen a la perfección los terribles achaques que diferencian las migrañas del resto de cefaleas. Se caracteriza por un dolor pulsátil y muy intenso que suele afectar únicamente a un lado de la cabeza y que comienza repentinamente, es decir, sin estar precedido o acompañado por otros síntomas. Aunque las causas principales de su aparición son todavía un misterio, ese daño se produce por la dilatación de las arterias situadas en el cráneo. Además, teniendo en cuenta que la mayoría de personas con migraña tienen familiares con el mismo diagnóstico, algunos expertos creen que dicha tendencia podría tener un componente genético.


En cambio, sí existen causas desencadenantes que aumentan el riesgo de ataque como, por ejemplo, la edad -en la pubertad, debido a los cambios hormonales, la incidencia se dispara sobre todo en las mujeres-, el consumo de alcohol, la automedicación, la falta o el exceso de sueño, los factores medioambientales o el estrés y la ansiedad. “Aunque la migraña puede iniciarse a cualquier edad, generalmente empieza en personas entre 10 y 30 años de edad. A veces desaparece después de los 50 y es más frecuente en mujeres que en varones”.


Aunque la migraña puede iniciarse a cualquier edad, generalmente empieza entre los 10 y los 30 años de edad
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud publicado en 2014, este cuadro clínico convierte las migrañas es una de las enfermedades discapacitantes más frecuentes en la sociedad moderna. Y es que, aunque no comparte síntomas, sí que desencadena ciertas reacciones en el paciente como irritabilidad, náuseas, falta de apetito, pérdida de la visión, debilidad muscular y, en algunos casos, distorsión de las imágenes. Bajo esta premisa, la obesidad y el seguimiento de una dieta inadecuada pueden situarse entre los factores de riesgo. ¿Qué alimentos debemos evitar o incluir en nuestro régimen para mantener a raya las migrañas?


Cuidado con la histamina


Para muchos, se trata de una sustancia totalmente desconocida, sin embargo, la histamina se encuentra detrás del 90% de los casos, según los últimos estudios efectuados sobre la población con migrañas. Más concretamente, dicha afección puede estar provocada por la carencia de la enzima responsable de metabolizar la histamina, dando lugar a un síndrome conocido como déficit de DAO. Por ello, una alimentación baja en esta amina idazólica podría mejorar considerablemente los síntomas de la enfermedad. Eso sí, siempre bajo la tutela de un médico especialista.


El problema es que la mayoría de alimentos contienen histamina en su composición, en mayor o menor medida, por lo que resulta fundamental hacer un estudio previo de aquellos que la incluyen en grandes dosis, entre los que se encuentran:
* Lácteos. Al igual que la histamina, la caseína es una proteína propia de este grupo de alimentos que se considera responsable de la aparición de migrañas. Por lo tanto, hay que evitar el consumo de productos lácteos, en especial el queso -fermentado y curado- y el yogur. Además, cuanto más grasos sean, más cantidad de histamina acumularán en su interior.
* Cereales refinados y alimentos con gluten. La ingesta diaria de alimentos ricos en ambos ingredientes, como es el caso del pan, la pasta o la bollería industrial; suele favorecer una mala absorción intestinal de las proteínas, desencadenando así un ataque de migrañas.
* Alimentos ricos en sal. Los productos procesados que normalmente habitan en nuestra despensa deben comenzar a desaparecer paulatinamente. Hablamos de las carnes procesadas y los embutidos.
 
* Alcohol. El consumo de alcohol se desaconseja en cualquier tipo de dieta, no obstante, los pacientes que sufren migrañas con asiduidad deben saber que las histaminas de estas bebidas favorecen la vasodilatación que provoca ese dolor punzante. El vino y los licores tienen un efecto aún mayor.


* Glutamato monosódico. Se trata de uno de los aminoácidos no esenciales más abundantes en la naturaleza y cuyo consumo conviene evitar, según la opinión de algunos expertos. El glutamato monosódico está presente en las algas, la salsa de soja, los champiñones shiitake, el miso, las anchoas, las sardinas o el queso parmesano, entre otros.


Además de los alimentos expuestos anteriormente, también forman parte de esta lista los cítricos, el chocolate, los frutos secos, los huevos, la naranja, el marisco, los aguacates, los tomates, el pescado en conserva, las fresas, los plátanos, los guisantes o las judías blancas. “El tomate, el aguacate, la naranja y los frutos secos no son muy ricos en histamina, pero tienen otra clase de amina en su composición que es precursora de histamina en el organismo, es decir, que a la hora de metabolizarse esta, como resultado se obtiene histamina, por lo que su concentración aumenta si consumimos más cantidad de estos alimentos”.
 
En el caso del café, los especialistas recomiendan eliminarlo de la dieta, aunque “en algunas personas mejora los síntomas. Se han dado casos de consumidores habituales de café que padecen ‘migraña del fin de semana’, al interrumpir su consumo esos días”.
Aliados contra las migrañas


Afortunadamente, frente a esos alimentos que no hacen sino empeorar la situación, encontramos otro grupo que favorece y alivia los síntomas, y que forma parte de una dieta mediterránea y equilibrada. El aceite de oliva, las frutas -a excepción de las cítricas-, la carne y el pescado frescos, las verduras, el té y las infusiones o la yema de huevo también son miembros de este equipo.


Además, debemos dar un protagonismo especial a los ingredientes ricos en magnesio y vitaminas B2 y B6, pues reducen significativamente el dolor de cabeza y aumentan el nivel de serotonina en el organismo, según diversas investigaciones. Podemos encontrar estos nutrientes en las lentejas, el brócoli, las semillas de girasol, los espárragos y pescados como el salmón, la lubina, el bacalao, el atún y la trucha. Y para multiplicar los beneficios, no está de más incluir analgésicos naturales como el jengibre, la menta, la tila o el aceite de lavanda.

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