¿CAUSA DE MUERTE? MACHISMO

Para nada es este un título exagerado y sí resume cuáles pueden llegar a ser los costos de la masculinidad hegemónica en la vida de los hombres, esa que, desde actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias, promueve la superioridad de ellos sobre las mujeres, en cualesquiera de los ámbitos de la vida…

 Para nada es este un título exagerado y sí resume cuáles pueden llegar a ser los costos de la masculinidad hegemónica en la vida de los hombres, esa que, desde actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias, promueve la superioridad de ellos sobre las mujeres, en cualesquiera de los ámbitos de la vida: económico, sexual, laboral, social y familiar.

 Sucede que «las normas tradicionales de género marcan desde la infancia la diferencia entre mujeres y hombres, tanto en el acceso a los servicios de salud como en las principales causas de muerte», según nos alerta el manual Masculinidades en Movimiento, de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM).

 Este documento coloca en el debate la necesidad de que los hombres entiendan la esencia de la cultura patriarcal y trabajen a diario, desde lo personal, en las transformaciones necesarias para avanzar hacia sociedades realmente igualitarias.

 Se trata también de visibilizar las implicaciones que la cultura patriarcal y machista tienen para algo tan preciado como puede ser la salud. ¿Qué está pasando con los hombres?, es la reflexión que hace con Granma la profesora e investigadora de la Escuela Nacional de Salud Pública (Ensap), doctora Zoe Díaz Bernal, quien es coordinadora de la Red Latinoamericana de Género y Salud Colectiva de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames), y su nodo en Cuba.

 Basta mirar los datos actuales, referentes a la población masculina, para percatarse de que reflejan una situación preocupante –a menudo invisibilizada tanto desde el discurso científico como en la práctica social– en cuanto a problemáticas de salud, asunción del riesgo como prueba de «hombría», del ser «macho, varón, masculino», la accidentalidad, violencia hacia las mujeres y entre hombres, suicidios, dependencia de las drogas y el alcohol…, refirió la entrevistada.…

 De acuerdo con la especialista, si se analizan los indicadores de salud por sexo, tomando como referencia los Anuarios Estadísticos de Salud entre los años 2012 y 2016, por ejemplo, puede observarse que con frecuencia la tasa ajustada de mortalidad de los hombres supera al menos en dos puntos a la de las mujeres. «En la población cubana se puede apreciar que, para la mayoría de las principales causas de muerte, son los hombres quienes más defunciones aportan y, consecuentemente, es también para estos que se pierde un mayor número de años de vida».

 El Anuario Estadístico de Salud del 2017 arroja que para las enfermedades del corazón, los tumores malignos, los accidentes, la cirrosis hepática y las lesiones autoinfligidas intencionalmente, por ejemplo, las cifras son superiores para los hombres en comparación con las mujeres.

 Asimismo, explicó la investigadora, en cuanto a la incidencia –que son los nuevos casos diagnosticados en un periodo de tiempo– para enfermedades como el cáncer, las estadísticas dan cuenta de que esta ha aumentado en localizaciones como la piel, los bronquios y pulmón, el colon y la próstata, «detrás de las cuales podemos pensar automáticamente en exposición deliberada al sol, alto consumo de tabaco y alcohol, mala alimentación y conductas riesgosas, entre otros comportamientos propios de ese “deber ser”».

 El diagnóstico y los tratamientos oportunos de las enfermedades no alcanzan por igual a mujeres y hombres y estas se encuentran más privilegiadas por los programas de salud.

 «Por lo general se concibe a las mujeres como grupos diana o vulnerables que hace falta proteger y es cierto; pero se han quedado rezagados en esa protección los hombres. Ello es resultado de esa cultura patriarcal que ha dominado la vida y también la ciencia, y ve al cuerpo biológico de la mujer como frágil, deficiente, vulnerable, mucho más que el de los hombres», señaló.

 A su juicio, estas concepciones deben deconstruirse, también, desde la salud pública y las investigaciones biomédicas. «Esa vulnerabilidad del cuerpo biológico femenino, sin embargo, no ha tenido el mismo peso en la vulnerabilidad del cuerpo social femenino, que responde a todo lo que construimos alrededor de la categoría género y que tiene que ver con la forma en que andamos por la vida», expresó.

«El cuerpo biológico del hombre es igual de vulnerable y no ha sido visto de ese modo, además de que en el plano social, ese hombre, educado en ese machismo y cultura patriarcal, también está sometido a riesgos y vulneraciones debido a los propios constructos de género», comentó.

El ejemplo es, para la profesora, claro. «Si tengo que ser el individuo económicamente activo, proveedor, garante de la estabilidad económica familiar, esas presiones, que son socioculturales, sobre la siquis y comportamiento, hacen que asuma riesgos para mi salud, además inconscientemente. El hombre no puede permitirse flaquezas ni expresar sus sentimientos, y los tratamientos se retardan», apuntó.

«Los hombres sienten la responsabilidad del aporte financiero a la economía familiar que les confiere una sociedad patriarcal, lo que puede devenir en severos daños a la salud», enfatizó.

A ello, agregó, se suma que el autocuidado y la búsqueda de ayuda en los hombres son precarios. Además, los hombres afrontan estilos de vida menos saludables que las mujeres en los hábitos alimentarios, el enfrentamiento a los riesgos laborales y el consumo de alcohol, entre otros.

Por otra parte, la investigadora mencionó al VIH/sida, en tanto son los hombres, específicamente los que tienen sexo con otros hombres, el grupo con mayor prevalencia y más vulnerable. «Se ha descrito que las normas y prácticas de género relacionadas con lo que se considera masculino desempeñan un papel fundamental en el riesgo y la vulnerabilidad de los hombres ante la infección y de manera general, en los comportamientos relacionados con la salud», sostiene la profesora.

 Así, se encuentra que los hombres son menos propicios a seguir las indicaciones médicas porque sienten que están, de alguna manera, cediendo el control, se resisten a acudir a los centros de atención primaria de salud, pues los consideran adecuados solo para las mujeres y los niños, y pueden negarse a admitir la enfermedad si con ello se hacen dependientes de aquellos miembros de su familia a quienes, por tradición, deben cuidar y alimentar.

Hoy, dijo, desde la Ensap impulsamos investigaciones y una metodología de sensibilidad de género para abordar los programas de salud, y la forma en que reaccionan a las necesidades diferentes de hombres y mujeres.

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