¿POR QUÉ NO PODEMOS HACERNOS COSQUILLAS A NOSOTROS MISMOS?

La ciencia lo explica.

Demostrar que para el cerebro “percibir es hacer”, y de paso cambiar el paradigma acerca de cómo entender el funcionamiento del cerebro, es el objetivo de un proyecto Fondecyt 2019 liderado por el doctor Pedro Maldonado, académico del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, y que buscará averiguar si es el sistema nervioso el que hace que los estímulos lleguen al cerebro, como en el caso de las cosquillas.
“Cuando es uno mismo el que se hace las cosquillas, uno tiene en su mente una predicción completa de lo que va a pasar en cada segundo, lo que va a sentir en esa parte del cuerpo y, por lo tanto, no hay ninguna sorpresa en ese movimiento. Pero si otra persona me hace lo mismo, no tengo ningún control ni ninguna predicción sobre esa acción, y eso resulta en cosquillas”, afirmó el Dr. Pedro Maldonado, al explicar por qué cuando es uno mismo el que se hace cosquillas, no le genera risa.
El académico de la Facultad de Medicina relató que a lo largo del desarrollo de la neurociencia como disciplina se ha estudiado el cerebro a través de la sorpresa: poner un estímulo frente al individuo y ver cómo reacciona, en lo que se llama la percepción pasiva, sin intervención del individuo en la aparición del estímulo. Pero en las últimas décadas los investigadores se han dado cuenta que somos nosotros quienes ocasionamos que los estímulos ocurran.
“En el sistema visual movemos los ojos tres a cuatro veces por segundo, lo que significa que percibimos los nuevos estímulos con ese movimiento. Lo que sentimos en la piel, la textura que percibimos de un objeto, se debe a que movemos la mano sobre su superficie, y cuando olemos es porque forzamos la entrada del aire por la nariz para sentir un determinado aroma. Incluso se ha visto que cuando uno mueve los ojos algo también se mueve dentro del tímpano. Así que desde la neurociencia pareciera que hemos estado estudiando estos fenómenos desde una perspectiva incompleta”, explicó.
Es por eso que buscarán averiguar si es el propio sistema nervioso el que hace que los estímulos lleguen al cerebro, abocándose a demostrar y describir los mecanismos detrás de esos procesos cerebrales, que el académico describió como una “máquina de predicciones” a partir de un modelo que aplica mediante sensores para ver si el mundo es como lo predice.
Para entender cómo el cerebro aprovecha este conocimiento previo se necesita realizar estudios donde sea el individuo quien inicie el cambio mediante la generación del estímulo. “Vamos a investigar la actividad cerebral en ratas cuando son ellas las que inician la aparición de un estímulo, y ver cómo el cerebro aprovecha esa instancia para procesar mejor ese cambio. Y es que el cerebro, al saber que viene un estímulo, puede mandar señales modulatorias a las áreas sensoriales en los tiempos precisos relacionados a la llegada del estímulo, y procesar mejor esos cambios en la actividad neuronal”, aseguró Maldonado.
Estas predicciones serían entonces producto de un conocimiento previo y una respuesta a una necesidad. Nuestra conducta debe ir a satisfacer nuestras necesidades, pero siendo consistente con toda la experiencia previa de moverse en el mundo acumulada a lo largo de la vida, que permite actualizar el modelo de mundo que tiene el cerebro. Entender los mecanismos que hay detrás permitirá entender mejor cómo el cerebro establece la percepción del resto de las cosas.
La idea del proyecto es verificar “la hipótesis de que estos mecanismos existen y están presentes en el cerebro de la rata. Como son tan importantes, van a estar igualmente en todos los animales, y tendrían un rol crucial en que el cerebro pueda percibir y funcionar de forma adecuada, y que si no operan bien, habrá problemas no sólo de percepción sino que de todo lo que requiere de ella dentro del cerebro”, finalizó el académico.
Cableado largo entre áreas del cerebro
Respecto a las bases biológicas de la investigación, el doctor Maldonado señaló que “hay evidencia anatómica fuerte para pensar que algunas de las áreas del cerebro que pensamos que están involucradas en acciones motoras, de cierta manera son también partícipes o responsables de esto”.
“Estudios muy recientemente publicados han mostrado que hay conexiones anatómicas directas entre las áreas motoras y las sensoriales tempranas, cosa que es una sorpresa. Porque ¿cuál sería la razón de que haya conexiones a un sensor, si sólo sirve para sentir o percibir? Pero resulta que tiene sentido desde esta nueva perspectiva o paradigma que proponemos, donde entendemos que percibir es hacer. No es que “nos pasen” las cosas sensoriales: las hacemos. Hacemos ver, hacemos tocar, hacemos oler”, aclaró.
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